El perro de mis sueños


Hace muchos años, cuando estudiaba literatura, una compañera me regaló una imagen brutal por honesta e incuestionable. Escribió un cuento sobre un matrimonio que después de 20 años no tiene nada en común, no hay un sólo lazo de lo que los había unido y lo único que queda entre los dos, es una foto en la sala, del día de la boda. Ella se ve feliz y él también. Están perfectamente bien vestidos y el día es soleado. Su matrimonio fue lo que esperaba, sólo en una foto.

Hay millones de casas así. Millones de esas fotos.

La industria de los recuerdos hace que los seres humanos aspiremos a la realidad del momento, a esa que se capta en menos de un segundo por una cámra y queda inmortalizada por años. 100, decían los fotógrafos de antes, cuando las fotos se imprimían en una cámara de luz… más de 100 ahora que se imprimen en máquinas conectadas a una computadora.

Pero en esos 100 años, ¿qué pasa con la gente de esas fotos?

Cuando tenía menos de 5 años, en mi casa vivía un perro. Perra, Maxi. Creo que era un Spintzer. La recuerdo muy vagamente. Hay una foto de ella cargada por mí. Sé que no la cuidé, sé que tenía 5 años y que mis padres se divorciaron después, y que nos cambiamos de casa. Sé que un día en mi adolescencia le pregunté a mi mamá por Maxi y me dijo una historia rarísima, de esas que se presiente son mentiras. Algo sobre mi abuela, un posible accidente.

Después quise un gato, y lo conseguí gracias a una amiga que tenía cachorros de su gata. Mi madre me dijo ya que lo tenía, que no podía vivir en la casa. Con mis 14 años me vi en la necesidad de hacer lo que todo mundo cree que es correcto: deshacerme de mi Lennon y llevarlo a una veterinaria donde alguien lo vendería a quien pagara por él, no a quien lo quisiera.

No hay fotos de Lennon. No dio tiempo. El recuerdo de Maxi vive eternizado en dos fotos verdaderamente lindas… pero su historia, asumo, supongo ahora a mis 32, que no fue así.

De mis otros hijos, Kika (q.e.p.d), Dagobah, Aacini y Endor, hay más fotos que de mí de niña. Pero también hay otros recuerdos eternizados: la caja del archivero enmarcada en mordidas, el sillón clavadito de dientes de bebé. Manchas en los tapetes de distintas muestras biológicas. Zapatos destruidos. Juguetes babeados y enmugrados al punto del asco… pero que uno no debe lavar.

¿De esas cosas no se toman fotos verdad? ¿De las cacas a la mitad del comedor, de los libros destruidos? ¿De los brassieres mordisqueados?

¿Ustedes tienen fotos de cuando eran niños y regresaron batidos del patio? ¿O de cuando le escupieron refresco a la tía que les caía mal? Si las tienen… ¿por qué sus mamás decidieron quedárselos y no regresarlos?

Los matrimonios de fotografía son como los perros y gatos de comerciales de croquetas. Bonitos, iluminados, photoshopeados. Los ojos brillan, parece que el sol calienta al que ve la foto, el pasto no huele a miados y el perro tiene el pelo tan brilloso como cualquier actriz de cine.

Pero la realidad es otra. El perro de tus sueños también se hará caca aunque no soñaste con eso. También hará travesuras que no calculaste en tus horas de ensoñación. También ladrará cuando estás dormido, aunque eso no lo pensaste.

Lo terrible, es que aunque te ilusionaste hasta el punto del berrinche con TENER un perro, no pensaste en ADPTARLO, en ser su familia, y como tal, no renunciar a él como no renunció tu madre, o tu padre, o tu esposa, o tus hijos a ti…

Si el perro de tus sueños también da dolores de cabeza, como dan los hijos adolescentes o los maridos alcohólicos, o las mujeres fodongas… estás listo para adoptar.
Si el perro de tus sueños sólo se ve como en las fotos, juega cuando tú quieres, hace pipí cuando tú le dices para presumirle a tus vecinos lo bien entrenado que está, si corre sólo sin correa y acude a tu llamado como soldado israelí… Te recomiendo que te compres un Tamagotchi, o uno de esos perros que venden en los centros comerciales a los que sólo hay que cambiarles las pilas.

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Un comentario en “El perro de mis sueños

  1. HOLA…TIENES RAZON….SIEMPRE BUSCAMOS EL MEJOR ANGULO Y NOS DEJAMOS GUIAR POR LA IMAJEN Y NO PENSAMOS EN TODO LO QUE HAY ATRÁS…EN ESTA EPOCA EN LA QUE TODOS QUEREMOS PRESIMIR TODO Y OBTENER LO MEJOR, HEMOS DEJADO DE PENSAR EN LO NATURAL, EN LO QUE CUALQUIER SER VIVO HACE Y LAS FASETAS POR LAS CUALES DEBEN PASAR PARA HACERNOS LA VIDA MAS FELIZ.GRACIAS MARIA POR RECORDARME ESO …

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