Los perros son perros, los gatos, gatos y los humanos…

Ay Dios… los humanos.

Sé que han visto esas escenas donde un humano se agarra a besos de lenguita con su perro. Sé que han visto a un humano sobarle la panza a un perro, acariciar a un gato y poner cara de enamorado. Sé que han visto a un perro rogarle a su humano por una galleta o a un gato sonar un plato o cazar a un mosco.

Si las imagenes están tan a la vista, ¿por qué los humanos nos empeñamos en no verlas?

Los perros son perros. ¿Eso qué significa?

Que ven a un cachorrito y no sienten que la panza se les hace mariposas, que su garganta no prepara las cuerdas vocales para hacer “aaaaay qué bonito”, que no extienden los brazos para cargarlos. Un perro, una perra en específico, ve un cachorro, lo huele, comprueba que sea suyo, le lame el ano para que pueda hacer caca, le limpia las porquerías que ya hizo y se echa. Para esa perra, un cachorrito es un futuro perro gigante, del que depende que su jauría sea más grande que la del de enfrente, y que eventualmente será tan fuerte que le quitará su lugar como líder. Por ahora, ese cachorrito es una tarea más, como lo es ladrarle al coche que amenaza su territorio al pasar, orinarse donde no huele a ella y cuidar al lider de su manada, osea el humano que insiste en verla como un humano.

Un perro ve un plato de croquetas y se lo come. Hay comida, me la como. No se lo zampa como si fuera su ultima cena porque “se quedó con hambre”, simplemente tiene comida enfrente y se la come. Igual que hace un humano cuando tiene la tele prendida, un plato de cacahuates y nada qué hacer. Ocio, inercia. En el caso del humano, gula. En el caso del perro, oportunidad.

Un perro ve su correa y sale volado, se emociona, brinca, y medio se pone histérico. Cuando abres la puerta sale primero que tú y parece que se quiere comer la calle. No sólo quiere comérsela y recorrerla hasta que tus piernas no pueden, quiere recordarte que si se le da la gana, él puede ser el lider de la manada. No, no es humano, no te está diciendo que está muy contento por salir. Está midiéndote.

Los humanos nos empeñamos en humanizar a los perros de la misma manera en que queremos que otros humanos sean copia fiel de nuestras ideas y nuestros pensamientos.

Los perros son perros, y cada uno tiene sus modos. Los humanos decimos siempre que “cada cabeza es un mundo”, pues cada perro también; pero ni siquiera es un mundo parecido al nuestro. Es completamente de ooootra galaxia.

El mejor ejemplo de esto lo encuentro siempre en esta constante obsesión de vestir a los perros. Chris Leavins, comediante animalista canadiense, tiene una manera de llamarlo: Forced against our will. Que traducido sería: Forzados contra nuestra voluntad. Y bajo este título colecciona las imágenes de todos esos animales cuadrúpedos que fueron obligados a vestirse porque su humano quiere, se siente necesitado de decir aaaaaaaaaayquéboniiiiiito.

¿Dónde queda la individualidad de un animal, el cuadrúpedo y el bípedo, cuando uno de los dos sólo sirve para complacer al otro?

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