Los Morainslie, la familia que nunca dudó en llevarse sus gatos hasta Australia

Típico que se van a cambiar de casa y pues no los aceptan con mascotas y pues en vez de seguir buscando casa, mejor le buscamos casa al elemento de la familia que no aceptan. Miren, si yo hubiera hecho eso con mis hermanos, mis sobrinos o mis exmaridos, básicamente hubiera vivido con gatos desde los 5 años.

Gus es un ilustrador, es un pinche artista la verdad, pero se vende como ilustrador. Y además de ser un fregonazo en eso, es un fregonazo héroe del planeta. Hace unos años decidió que comenzaría el proyecto Segunda Llamada, que se dedica cada año a convocar ilustradores, fotógrafos y artistas plásticos, a crear un poster que concientize a la banda sobre cómo nos estamos acabando al planeta. Miren nomás qué chuladas han salido de ahí.

Collage Segunda Llamada

Gente de toooodo el mundo participa en el concurso, y también jueces de todo el mundo escogen las piezas.

La cosa es que, Gus decidió irse a vivir a Australia. ¿Por qué? Porque evidentemente en este país no podemos tener nada bonito mientras Peña Nieto sea presidente. O algo así. Y cuando decidió irse, su mujer y él jamás ni por un momento pensaron: “pos nos vamos aunque no podamos llevar a nuestros gatos”. De hecho, cuando les dijeron que a Australia no te puedes llevar animales (pregúntenle a Johnny Deep), se pusieron todos locos. La cosa es que Gus y su mujer son de esos que les dices que no, y preguntan, ¿quieres ver que sí? Y pos ahí los tienen, haciendo un mar de trámites y gastando una lana que no sólo no tenían considerada, si no que simplemente no tenían.

Era un drama espantoso, un estrés del carajo, que él, obviamente resume en dos patadas porque es un tipo feliz.

Como además de ser feliz, es un tipo responsable de sus actos, se la pasó ilustrando toda la noche este hermosísimo poster que ahora ustedes pueden comprar para ayudar a decirle de manera bonita a sus cuates, a sus contactos: “Mira, si quieres cambiarte de casa y no aceptan a tu mascota… ¡BUSCA OTRO LUGAR DONDE VIVIR! ”

 

Entérense de la historia de Gus, Claudia, Kimiko y Cubeta, AQUÍ.

Y compren el maravilloso poster, ACÁ

 

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La casa de los 160 gatos

Ser animalero es una ocupación complicada. Doña Marta y sus 160 gatos sabían mucho de eso.

Los animaleros recibimos dos reacciones cuando aclaramos que dedicamos gran parte de nuestros esfuerzos cotidianos a los animales. O bien nos aplauden o nos cuestionan. Y si nos aplauden, muchas veces terminan diciéndonos cómo podemos hacer las cosas mejor.

Hoy comenzamos el día con una animalera menos y 160 gatos sin tutor. El cuerpo de Doña Martha se detuvo pero esperamos que su espíritu nos llene a todos.

Aunque nunca tuvimos el honor de conocerla, en PataPirata estamos agradecidos por el ejemplo que Doña Martha le da a cualquier ser humano que quiere hacer algo por otro ser vivo.

Si quieres ayudar a la Casa de los 160 Gatos puedes contactarlos en Facebook.

¿Qué se necesita para ser un PataPirata?

Hace poco -en medio de un lunes maldito de unfollows masivos- alguien hizo esa pregunta. Quienes me conocen saben que no me sé quedar callada. Es dificilísimo que me guarde una opinión pero esa pregunta siempre me agarra en curva.

Ayer cayó un grito de ayuda al Twiter, al Face, a mi phone: “Hay un perro muerto de cansancio en Mississippi en la Cuauhtémoc”. Vale me llamó porque sabía que el martes anterior anduve tratando de rescatar a un chaparro con la pata rota por esas calles.

Me puse como loquita. Como oso con canasta de huevos, dice la amiga Mariana. ¿Qué hago? ¿Qué hago? ¿Dónde lo meto? ¿De dónde saco varo? Vale me decía, pues a ver si Alma nos lo puede recibir. Revisé la cajita de los ahorros de PataPirata, tenemos 700 pesos. Sí la libramos para un par de días. Ya veré de dónde sacamos más.

Empecé a marcar a la chava que dio el reporte, como por fortuna mucha gente le estaba llamando, me tardé en encontrarla. Me puse de acuerdo con ella. Que si en un taxi, que si Anty pasa por nosotras, que si mejor en la pensión de Tutti Canie. A cada dos minutos cambiaba el plan porque no siempre se puede albergar. Porque los animales en la calle nos superan en número a quienes queremos ayudarlos.

Al final me salí caminando rumbo al rescatado con el plan siguiente: lo dejo en pensión hoy en la vet de mi casa. Sirve que me lo revisan. Que lo bañen. 300 pesos. Con lo que queda compro croquetas y le dejo dinero a Alma para un par de días. Ahí voy caminandito… llego y no es mi perro perseguido el martes. Cerré mis oclayos y hablé con el Preciso: Vale, yo rescato a este, tú rescata al que se me escapó.

El plan se me vino abajo. En la vet de mi casa no había espacio. La doc no estaba. No lo querían bañar los chavos. Se me empezó a cerrar el mundo. Pero tenía enfrente a Iliana, una de las rescatadoras, ni modo que me quebrara. Ella estaba nerviosa, tanto como yo, pero yo soy más grande (de edad y de tamaño) eso cuenta, impone. Tengo que estar segura, saber qué debo hacer, transmitir el sentimiento de seguridad y hacer ver que se puede rescatar, que vale la pena, que conoce uno gente bien chida, que te das cuenta que no estás sola.

“El otro día leí las fases del rescatador. Primero estás entusiasmado porque como tú ya decidiste que harás algo, cambiarás al mundo. Después te enojas porque te das cuenta que es abrumadora la tarea, y que no basta con que rescates a uno, que quedan miles por rescatar. Al final aceptas que aunque sólo rescates a uno vale la pena. La conclusión es que los animaleros siempre estamos deprimidos”. Eso dijo Maribel, la otra rescatadora.

Las PataPirata siempre nos hemos preguntado por qué seguimos juntas, tantas como somos, después de más de dos años. ¿Qué nos une? ¿Qué ha permitido que los egos no se interpongan? ¿Que ha hecho que crezcamos a pesar de pensar diferente? Estamos locas.

¿Qué se necesita para ser un PataPirata? Estar loco. Creer que no vas a cambiar al mundo, que no recibirás aplausos, que no te harán entrevistas, que no necesitas de vez en cuando que alguien te diga: vale, yo lo hago. Necesitas estar loca para no tener alicientes cuando las cosas salen mal y de todos modos seguir.

Se necesita querer hacer las cosas… y hacerlas. Se necesita tener la humildad para preguntar cómo hacerlas y aceptar las respuestas. Se necesita entender que lo que hacemos lo hacemos por nuestro gusto, porque la cara de un perro tranquilo tras ser rescatado, de un gato que ha recuperado su dignidad tras ser maltratado, de un conejo que ya no tiene miedo de los humanos te llena más que cualquier otra cosa. COSA, sí, COSA. Más que un gadget de última moda, más que ser popular en Twitter.

Se necesita entender que las herramientas que tienes (aunque no tengas super casota con patio, una cuenta de banco en las Islas Canarias, coche, teléfono, compu, espacio), puedes hacer la diferencia en la vida de un animal. Empezando por el animal que eres tú. Que si sabes diseñar, puedes hacer un cartel y enviarlo a tus amigos. Que si sabes hacer música puedes juntar a tu banda y contarles de lo que te preocupan los animales y buscar la manera de promover la causa, de concientizar gente. Que si sabes contabilidad le digas a una AC cómo no malgastar su varo. Que si sabes programar te ofrezcas para hacerlo con los animaleros que no tienen chance de atender su sitio porque andan en el rescate.

Que si lo único que se te ocurre que puedes hacer es difundir, lo hagas. Será de mucha ayuda.

PataPirata no tiene credenciales. No somos reclutadores de voluntarios. PataPirata es… ha sido una actitud para todos aquellos que lo conformamos y para quienes nos siguen y cotorrean con nosotros mes con mes.

PataPirata es, y siempre serás tú. Sólo hace falta que empieces.